Archive for 12/11/06

¿Piedras o ideas?

 

 

 

Y todavía hay más, agárrate fuerte, ¿la piedra está donde debe estar? Nadie lo sabe. Los arqueólogos también lo discuten. Nadie lo puede saber, por nadie sabe donde estaban los muros de la ciudad. Nadie se pone de acuerdo. ¿Donde estaba, de hecho, el Calvario? Así que, de momento, mira, ¿hay algo seguro? Hagamos como la familia que tenemos al lado y arrodillémonos dramáticamente en el supuesto, supongámoslo y ya está, que X marca el lugar y besemos la piedra. Al fin y al cabo, ¿es importante que sea literalmente verdad? ¿es importante que sea literalmente verdad? ¿No estamos besando una idea? ¿Piedras o ideas? ¿Piedras o ideas?

También pertenecen a la obra “Via Dolorosa”, como se ve no tiene desperdicio, y realmente me da la sensación que no necesita añadir nada, cada uno puede añadir lo que crea necesario. Ellas solas se bastan y sobran.

¿Piedras o ideas? ¿ideas o piedras?

Add comment Noviembre 12, 2006

Lacoste


“… Pero decirle que no olvide que para ser aceptado, no necesita ser igual..

“Via Dolorosa”

David Hare.

La obra de la que están tomadas la palabras arriba citadas, relata el viaje del dramaturgo D. Hare a Jerusalén, y trata de su visión sobre la problemática palestino-israelí. Recomiendo fervorosamente su lectura a todo quien desee encontrar una obra que le haga pensar y reflexionar. No es en absoluto maniquea, vaya eso por delante.

Pero a lo que íbamos. Nuestra sociedad, cataloga a las personas muchas veces por su vestimenta, tiende a crear multitudes homogéneas, todos vestidos igual, todos hablan igual.

Un acertijo: Media melena rubia, pendientes de perla, blusa camisera, foulard al cuello, falda por o justo debajo de la rodilla, mocasines, ¿pertenecen a? Pues eso.

Para mucha gente es necesario llevar un atuendo o adoptar las costumbre de cierto grupo social, pues de otro modo es posible que no sea aceptado dentro de ese circulo. Quienes más sufren por ese motivo, pienso, que son los jovenes. Su deseo de aceptación dentro de lo que son sus primeros amigos, en ocasiones les llevan, no solo a vestir y hablar y actuar de cierta manera, sino a tener que superar algunas pruebas de acceso auténticamente escalofriantes.

Lamentablemente, en sus caso, juega la inexperiencia y el no querer ser diferentes, por lo que de alguna manera, puede ser excusable. Pero ¿qué sucede con los adultos? Muchos de nosotros sabemos, cuando no hemos sido nosotros mismos, lo que hemos sucumbido a sindróme de “la marquitis” (vestir prendas de marca; lacoste, nike, adidas, etc. etc.), pues de otro modo no estamos “al loro” o no “pilotamos”. Pero no solo es la ropa, la que hace segregaciones, que podemos decir si no adoptamos ciertos “vicios” en el lenguaje o no hemos visto y leído aquello que está de moda o de la que todo el mundo habla. “¿Todavía no has visto/leído….?” ¡Cómo es posible!” Nos quedamos :-o ) o casí.

Por lo tanto me ha gustado mucho esa frase, si deseamos que alguien nos acepte, por lo que somos, como somos, como hablamos, como pensamos, no será por que seamos un calco de ellos, sino más bien, por que aprecia lo que como individuos representamos. Nuestra particular idiosincrasia, nuestros rasgos que nos diferencia y que pueden aportar algo nuevo a cada una de la personas que nos rodean y nos frecuentan.

Y si no es el caso, busquemos algo mejor. Seguro que lo hay.

2 comments Noviembre 12, 2006

"Rajoles"

 

balsosas1.jpg

De las aceras de mi Barcelona

4 comments Noviembre 12, 2006

El enigma del carpintero que tenía una voz de bajo profundo.

De hecho son parientes lejanos, ambos nacidos en Sarajevo, Alberto Danon de Bat-Iam y mi carpintero Elimelec que me hizo este escritorio y murió ahora hará nueve años. Aquello que más amaba en la vida, a parte de su mujer y sus hijos, era la ópera tenía un estéreo en su casa, otro en la carpintería y en el coche centenares de grabaciones, casettes, un montón de versiones. Desde dos calles más abajo se podía saber si la carpintería estaba abierta, no por el ruido de la sierra eléctrica ni por el olor de las virutas y la cola, sino por la música: La Traviata, Don Giovanni, Rigoletto, el hombre era un adicto total. Nosotros le llamabamos Shalyapin porque mientras rebajaba modulaba la voz, gritaba, desafinaba descaradamente, baja su tosca voz hasta el tono más grave de bajo. Era la voz de un espectro. Un profundo abismal. Y este tono de bajo milagroso irrumpía desde una caja torácica discreta, porque en realidad el carpintero Elimelec era un hombre delgado, tenia la cara labrada de ironía, una ceja alzada y una mirada que se contradecía con ella misma: una poco de ella como pidiendo perdón y la otra como bromista, sarcástica, como diciento yo no soy nadie, pero tu también, señor mío, perdona que te lo diga, has venido como todos de una gota de humedad y terminarás como un jarrón roto. El escritorio que me hizo, donde ahora escribo estas lineas, le salió fantástico. Macizo. Sin ningún adorno. Un escritorio con patas de rinoceronte y laterales como las espaldas de un mozo. Una mesa de bajo. Un mueble proletario robusto como un luchador. Muy diferente del carpintero Elimelec, un hombre al que le gustaba decir chistes y bromas a todo el mundo, pero a la vez sufriendo en secreto una úlcera que, cruel e implacamente, le corroía por dentro, hasta que un día se levantó y se ahorcó. No dejó ninguna nota a nadie y nadie supo explicárselo. Tampoco su mujer ni sus hijas. Cuando fui a casa del ahorcado a dar el pésame, tuve la impresión que la sorpresa había desplazado al duelo: como si durante todos aquellos años no se hubiesen dado cuenta que aqui, en su casa y con ellas, había vividoun estraño con una identidad totalmente falsa, un marajá disfrazado de carpintero a quien se la había pedido que regresara a su país y sin decir una sola palabra se había quitado el disfraz de tantos años, y se había ido. El último hombre del mundo, clarísimo de esa calle, que dirías que se ahorcaría. Nunca me hubiera imaginado que tenía esta idea en la cabeza. No tenía ningún motivo: a fin de cuentas la vida se había portado bien con él, familia, medios de vida, amigos, y, como se suele decir, era de la clase de hombres que se contentan con lo que tienen y lo saben valorar. Por ejemplo, le gustaba comer, le gustaba sentarse las noches en este sillón y adormilarse con su periódico, y especialmente le gustaba su ópera que escuchaba y cantaba desde la mañana a la noche, y nosotros pensabamos que a veces se extralimitaba, pero no decíamos nada, por que ¿por qué no podía disfrutar? Hay maridos que se gastan la mitad de su salario con la loteria y otras cosas así, o que enloquecen por el fútbol, y el por la ópera. Seguro que estará de acuerdo conmigo, señor mío, que se trata de un pasatiempo culto. También le gustaba mucho hacer reir. Era el campeón haciendo bromas, no solo el mejor, sino el rey. No se lo creerá, pero la mañana misma de la desgracia, no había pasado ni tres horas, todavía hizo unas tortillas para las niñas e hizo ver que tragaba el aceite caliente. Que susto nos dio antes no nos echaramos a reir. Que quiere que le diga, señor mío, cualquier persona es un enigma, incluso la que nos es más próxima. Duermes treinta y cinco años en la misma cama, le conoces cada uno de sus cabellos, enfermedades, secretos, penas, las cosas más íntimas, y al final se hace evidente que no sabes nada. Es como si en el mundo hubiera habido un Elimelec de asuntos exteriores y un Elimelec del Interior. Me ha gustado que haya venido. Gracias. Seremos fuertes. Las niñas son fantásticas, mire como se le parecen. Todo se lo toman bastante bien. Cuando vea a Alberto dele las gracias por haberse tomado la molestia de asistir al funeral. Ya no es un hombre joven y Bat-Iam está bastante lejos.

“El mismo mar”

Amos OZ

1 comment Noviembre 12, 2006


 

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