El pasado martes, con los ojos todavía pegados por las legañas, camino al “curro” por la calle del Pilar de Zaragoza cuando me disponía a cruzar la calle de Eraso, me encuentro frente a una persona que me sonaba (do-re-mi-fa-sol-…) en cantidad. Después de cruzarnos me dije: ¡toma si era Javier Urrutia -Gabinete Caligari-! Eso me hizo recordar que en Madrid estamos de celebración de la Movida Madrileña, por lo que pese a lo famosa que es “Camino Soria” os dedico “La culpa fue del cha-cha-cha”
Prácticamente toda la prensa nacional, y me figuro parte del extranjero, se hace eco del cambio protagonizado por nuestro héroe Harry Potter, Daniel Rattclife.
Decidido a desencasillarse del papel infantil-adolescente del personaje de Harry Potter, ha tomado la decisión de representar la obra “Equus” de Peter Shaffer, donde debe aparecer totalmente desnudo. Esta acción ha desencadenado una serie de comentarios, algunos tan absurdos por proceder de los padres, que casi vetan a sus hijos al visionado de la, por ahora, película de la serie. Argumentan que no es serio que el idolo/personaje de sus hijos, aparezca de tal guisa. Personalmente me parece rídiculo y patético. Tenemos en nuestra particular historia, niños (actores y cantantes) que por no saber desembarazarse a tiempo de esa etiqueta, tuvieron que apechugar con ella toda su vida y ver mermadas grandemente sus horizontes como actores, quedando encasillados de por vida a representar, ya de mayores el típico papel sin sentido. Excepción de ello es la reputada actriz y cantante Ana Belén. Apoyo el cambio que Daniel R. propone a su carrera, más cuando pese al escándalo absurdo del desnudo, la obra procede de un afamado escritor como Peter Shaffer, de cual también procede “Amadeus”.
El escándalo que se ha originado, parece ser marchamo de la obra, pues no olvidemos que cuando se representó a finales de los años 70 en España, el desnudo de Juan Ribó y María José Goyanes, también levantó ampollas en cierto sector de la población.
Ciertamente, en algunos casos, fue un reclamo para que la gente asistiera, en concreto en Barcelona, en el desaparecido Teatro Barcelona, en la confluencia de la Rambla de Catalunya y la Plaza del mismo nombre, donde hoy hay unos apartamentos y junto a la oficina central de Caja Madrid.
¡Que triste, que la gente no sepa tener la mente más abierta, y no solo los ojos, para permitir crecer, adelantar, madurar a la gente, y quedarse únicamente con aquello que nos escandaliza y ofende!