De las serpientes y la melancolía.

agosto 9, 2006 at 1:15 pm Deja un comentario

En ocasiones sentimos como si estando tumbados en la arena de la playa, el rumor de las olas nos fueran trayendo viejos recuerdos. Recuerdos que nos pueden llegar mediante olores, sonidos, imagenes… que se filtran en nuestra mente para conducirnos a tiempos pasados. Los olores de las meriendas de nuestra niñez, los sonidos <la música> que hace que al tiempo que los pies marquen el rítmo nuestra memoria retroceda en el tiempo, los recuerdos de tantos lugares donde pasamos momentos felices y ahora por encontrarnos lejos vuelven a nosotros como una imagen vívida. Es en esas ocasiones que la melancolía intenta abrir una brecha para inocular en nosotros, en la mayor de la veces, una profunda tristeza. Todo esto se me ocurrió a leer una frase de la recien terminada novela, “Vía férrea”, de Aharon Appelferd. Esta dice: “La melancolía es una serpiente contra la que hay que luchar a muerte”. Tal y como el método de inutilizar de las serpientes es mediante inyectar un veneno en sus víctimas que las deja inmovilizadas y de esta manera son presa fácil, de la misma manera la melancolía, en ocasiones es como un veneno, que una vez ha penetrado en nosotros, impide que podamos tener una percepción clara de nosotros y nuestras circunstancias. Nubla nuestra vista de modo que dificulta tener una visión de lo que somos y tenemos en la actualidad y hace que sintamos una excesiva añoranza de lo que en un pasado fue nuestro, pero que sin duda alguna forman parte del ayer. Por tal razón, no cabe la menor duda que cuando sintamos que el mordisco de la melancolía, luchemos contra ella como si de un ofídio venenoso se tratase. De ninguna manera quiero decir que debemos olvidar o arrinconar nuestros recuerdos, que debemos renunciar a evocarlos, pero como también otro escribió sabiamente, esta vez el Nobel de Literatura J.M. Coetzee, en su novela “Hombre lento“: “Por supuesto que queremos aferrarnos a nuestros viejos sistemas de recuerdos -dice ella-. No seríamos humanos si no lo hiciéramos. Pero no podemos aferrarnos a ellos si son un obstáculo para nuestro progreso. No si se interponen en nuestro camino. Cuando existe un apego tan profundo en nosotros a nuestros recuerdos vividos en el pasado, son como un lastre, como un peso que hace qeu nos hundamos, estos nos impiden avanzar. Es conveniente entonces evaluar de forma positiva nuestra realidad actuarl, quienes somos ahora y lo que hemos conseguido mediante nuestro esfuerzo y el teson, y lo que es más, de lo que podemos hacer en el futuro. ¡Que bueno puede ser pensar en nuestro pasado! De hecho somos eso, pasado, pero somos algo más: somos futuro, un futuro que está en nuestras manos hacer que sea lo mejor posible.

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Desde el ayer al olvido Sin ánimo de molestar.

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