Cansancio matutino

octubre 21, 2006 at 2:26 pm 4 comentarios

El día de ayer amaneció lluvioso en Madrid, como el resto de la semana. Por lo que en lugar de acudir al trabajo andando, me decidí por tomar el Metro, no era cuestión de mojarse y llegar empapado.

El primer trayecto, de la estación de Colombia a Plaza de Castilla, transcurrió sin ninguna novedad, salvo que los vagones estaban muy llenos de trabajadores que habían tenido la misma idea que yo.

Llegado a la estación de trasbordo, la mencionada Plaza de Castilla, prácticamente el convoy se quedó vacío, todos ibamos a cambiar de línea.

Al pie de la escaleras mecánicas se había formado tal multitud de gente esperando su turno para tomarlas, que desanimado opté por subirlas andando.

Mientras iba subiendo, escalón a escalón, reflexioné y un sentimiento entre de pena y tristeza, se apoderó de mí. Eran las 7:30 a.m. y ¿toda aquella gente, que todavía no había comenzado su jornada laboral ya estaba fatigada? ¿Subir unas escaleras a pie les resultaba tarea harto difícil?

¡Dios! Como iba a ser el resto de la jornada.

Realmente resulta, por lo menos a mí, chocante que andemos siempre tan agotados, tan con los hombros hundidos, tan desamparados en esta sociedad.

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El peso del amor Azul cielo

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  • 1. IxcheL  |  octubre 22, 2006 a las 3:44 pm

    Es muy cierto lo que dices, pero a veces pienso que ese “desencanto” es producto de ¿qué? vivimos tan alejados de muchas cosas, problemas, estrés, preocupaciones, un sin fin a la lista, no justifico, pero no es fácil, hay que saber manejar la inteligencia emocional, que muchas veces no lo hacemos o peor no sabemos que es.

    Buena entrada que invita a reflexionar, gracias por tu visita a mi blog es muy gratificante personas como tú.

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  • 2. sombraschinescas  |  octubre 22, 2006 a las 5:43 pm

    Te doy razón ese desencanto es producto de la suma de muchos factores, muchos los enumeras tú, cabría sumar muchos más, pero lo triste a mi juicio es lo temprano en el día de ese desencanto, que largo será ese día. Hay que reinventarse a cada instante, a cada minuto, para no dejar que el adocenamiento nos subyuge y nos conduzca por el camino de desencanto. Gracia a tí también por dejar tu huella. Abrazos.

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  • 3. ®  |  octubre 24, 2006 a las 7:43 am

    Qué interesante observación… Creo que en particular cuando la gente viaja en metro la mayor parte del tiempo no es que vayan cansados, sino meditabundos, ¿será?

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  • 4. sombraschinescas  |  octubre 24, 2006 a las 7:45 pm

    De seguro es una buena respuesta como “abogado del Diablo”. Papel que me gusta de ejercer muchas veces. Un 10. Besos

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