Alzando barreras

noviembre 5, 2006 at 12:39 pm 7 comentarios

Como si de objetos de un supermercadose tratara, cada uno de nosotros es etiquetado por nuestros semejantes, como de igual manera hacemos nosotros con ellos. En ocasiones nos sirve simplemente observarlos: Como visten, como hablan, como andan, como se desenvuelven frente a nosotros. En otras ocasiones, es después de un tiempo, cuando nos hemos tomado el tiempo de conocerlos y ellos se han dejado conocer. Pero siempre terminamos abriendo un cajón, previamente etiquetado y lo colocamos allí. “SIMPATICOS”, “TACAÑOS”, “GROSEROS”, “AMABLES”, etc, etc.

También sucede, en estos casos afortunadamente, que con frecuencia, después de un tiempo de estar colocados en un cajón, debemos hacer una reclasificación.

Puede resultar de alguna manera tan impersonal decir estas cosas que, despué de escritas y releídas, me sorprenden. Pero sucede, creo yo, que es así.

En muchos casos, tristemente son los prejuicios. Como bien dice la palabra, prejuzgamos de antemano, antes que la persona pueda aportar la verdad de su realidad, nosotros ya hemos emitido un juicio. Por lo que creemos saber, por lo que nos han contado, por lo que hemos leido. Porque sí.

Fue durante una conversación con unos amigos, que practiqué lo llamo mi hobbie: Hacer de abogado del Diablo. La conversación giraba entorno a los gitanos. Ellos decían, por supuesto no lo voy a repetir, que si blanco, que si negro. Que si patatín, que si patatán. En la mayor parte de los casos, los comentarios no eran muy positivos.

Por mi parte argumenté, que si no sería que después de tantos años de marginación, de oir hablar de ellos como lo estaban ellos mismos haciendo hasta el momento, no habría tenido el efecto de levantar un muro a su alrededor, aislándolos de la sociedad y haciendo que solo se relacionaran entre ellos, puesto que no sentían ese rechazo.

Cuando por medio de comentarios se va dirigiendo a las personas hacia un lado, ellas mismas como medida de defensa a su vez levantan muros o paredes que las protegan. Es conocido el caso de niño que de tanto oír por boca de sus padres que es malo, termina creyéndoselo y lo que es peor siéndolo.

En mi vida he tenido tratos con los gitanos. Cuando yo era un niño, vivian a lo largo de la vía del tren en chabolas, algunas de ellas espantosas. Se llamaba la Perona. Para llegar al Instituto debía cruzar una zona habitada por ellos. Durante un tiempo, los niños gitanos de mayor edad, se dedicaron a robar a cuanto niño pasara por allí, yo no fui una excepción y a punta de navaja me afanaron una bufanda. Durante un tiempo pasé verdadero pavor al tener que franquear, lo que yo llamaba la frontera.Sin embargo con el tiempo, afortunadamente, trate de nuevo con ellos, y reconocí que había de todo, de una clase y de otra, sucedía igual que con los payos.Hubiera sido un gran error por mi parte, aunque niño, haberme quedado con la primera impresión y meterlos directamente en un cajón etiquetado.

El fin de la conversación nos dejo en tablas, de hecho cada uno siguió pensando igual que al principio.

Por otra parte, otro detalle a tener en cuenta es que muchas veces uno ha sido educado de una manera y bajo una forma, por lo que no ha tenidoni la oportunidad ni la ocasión de percibirse de ello. Si el destino hace que uno deba cambiar o mudarse, puede ser que empiece a notar ciertos comentarios y opiniones, muchas veces preconcebidas sobre su origen. De seguro puede hacer que uno levante murallas y barreras a su alrededor para no sentirse atacado y al mismo tiempo sentirse defendido.

Todo este asunto me volvió a la mente, a raíz de ver por tv la película “Los que no perdonan”. Una niña, india kiowa, es secuestrada por unos colonos que la educan desde que cuenta con pocos días de edad. Como no se conoce su origen, no hay ningún trato discriminatorio contra ella. Pero a consecuencia de la muerte de un blanco, sale a la luz su origen y con ello es el centro de los comentarios maldicentes de sus vecinos. Si no se hubiera sabido su origen con toda seguridad no hubiera pasado nada. Ahora lo chocante es la reacción de ella. Se tizna el dedo con el pábilo de una vela y se hace una marca en la frente. ¿Quiere volver a sus origenes desconocidos? ¿Es la llamada de la sangre? Son preguntas que me hagoy espero una respuesta satisfactoria. Pero sigo dándole vueltas a su raya negra en la frente. ¿Levantan muros para aislarla y ella misma se aisla con esa señal?

Sería bueno que llegara un día que miráramos a las personas como son, no por su educación, sus ideas, su procedencia.

Posiblemente el mundo sería “algo mejor”P.S. Después de redactar este comentario, he leído estos artículo en la prensa.

“El Pais-1”

“El País-2”

“El País-3”
Pienso pude ser interesante compartirlo.

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Flamenco en exclusiva y … Descansando

7 comentarios Add your own

  • 1. guvida  |  noviembre 5, 2006 a las 8:41 pm

    Interesante tarea hablar de etiquetas, sin tener que caer en la pregunta ¿lo hago yo? Mi respuesta inmediata fue, lo hago. Para bien o para mal, como prejuicio definitivamente. Sin embargo, el error estaría en no tener la habilidad de modificarlos sobre todo en el primer contacto. “You can never get a second chance to make a first impresion” dice el comercial de Head and Shoulders. Cuando por mi trabajo me acerco a alguién con el que nunca he hablado con el proósito de conocerlo, debo hacerme un prejuicio para suponer que le gusta. Y va en todo, desde su vistimenta y como me saluda, hasta el medio ambiente que lo rodea. Sin embargo en la plática vas descubriendo aspectos de esa persona que en un medio anonimato te va enseñando. Hasta el punto en que confía en ti como para abrirse como la persona que es.
    Ahora el otro error que cometo, es que me es difícil cambiar de etiquetas a aquellas personas que en algún momento y por alguna circunstancia me fallaron, el que me mintió nunca volverá a tener mi confianza, el payaso de la fiesta siempre contará con buenos chistes para pasar un rato agradable. Pero con el tiempo muchas veces esas personas cambian en su proceso de madurez.
    Crear una buena imagen es sumamente difícil, mas perderla, tan fácil como tirar las torres gemelas.

    Saludos.

    Responder
  • 2. sombraschinescas  |  noviembre 5, 2006 a las 8:51 pm

    Efectivamente, TODOS

    Responder
  • 3. sombraschinescas  |  noviembre 5, 2006 a las 8:54 pm

    Efectivamente, TODOS, sin excepción ponemos etiquetas. Lo terrible, pienso,es que no sean de quita y pon, caso excepcionales los hay. Por descontado, cuando se trabaja de cara al público, debe ejercitarse un sexto sentido que no indique algo de la persona que vamos a atender, como si de un sicólgo se tratara. Pero pienso que es diferente. Y por supuesto crear una buena imagen, pero si está bien sustentada o fundamentada será más dificil de recomponer en caso de terremoto. Gracias por tu comentario.

    Responder
  • 4. IxcheL  |  noviembre 6, 2006 a las 2:26 am

    Eso de las etiquetas, todos los seres humanos tenemos esa tendencia ¿por qué? sería bueno analizar, muchas veces “prejuicios” como bien lo mencionas. Es curioso hoy día se te juzga hasta por un “blog” jajaja disculpa que ría, pero es bastante risible ese hecho, pero hay de todo en la viña del señor.

    Como siempre nos invitas a reflexionar. Que tengas un lindo inicio de semana, un beso😉

    Responder
  • 5. sombraschinescas  |  noviembre 6, 2006 a las 5:34 pm

    Quizá por la necesidad de tenerlo todo bajo nuestra óptica de vista y controlado.
    Gracias por tus amables y gratas opiniones. Igual a ti buena semana.😉

    Responder
  • 6. ®  |  noviembre 6, 2006 a las 8:02 pm

    Suele suceder que habemos quienes queremos tener un concepto de todo, me incluyo, aunque me ha resultado más gratificante la experiencia de estar abierta a conocer y no crear imágenes propias, sino esperar a ir descubriendo a la persona.

    Me parece muy interesante el tema, además que inevitablemente provoca reflexión; los artículos espero leerlos más tarde y así complementar la información del tema.

    Saludos y un fuerte abrazo!

    Responder
  • 7. sombraschinescas  |  noviembre 7, 2006 a las 6:25 pm

    Por experiencia suele suceder que de quien más te esperebas menos te dió, mientras que aquel que no pensabas te corresponde.
    Así es la vida.

    Responder

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